Tan lejano, como eterno, es para mí aquel paraíso. Paraíso ambiguo, benevolente y maligno sin piedad, así como sus insólitas criaturas, mágicas y diminutas espérides que en sueño amo y en la cruda realidad odio.
Pero mi vida es como un sueño, es un sueño y yo ansío su presencia, llena de color, vida, secreto, locura, ambición, y esa capacidad innata de volar, volar alto, como vuelan y permaneces las estrellas que tintinean al brillar.
Siempre recuerdo su saludo, cuando con voz tenue se dirigían a mi con la fragilidad y delicadeza que les corresponde, diciendo: - con nosotras estás un día más y no él último-. Emplazándome así para otro momento de magia y exorcismo, tal era su majestuosidad que de esta manera me invitaban: -Coge tus alas y ven a volar-. Y yo me dejaba llevar por su encanto y hechizo.
De tal magnitud era su luz que me alumbraban el camino, aparentemente lleno de buenos momentos, como la noche de oscuridad. Y no podía esperar a la noche, momento del sueño para contemplarlas, adorarlas y mezclarme con ellas, ser una más.
Sólo vivía para soñar, soñar en esos admirables seres que impregnándome de alegría a la vez que de ínfimo dolor me hacían renacer así como permanecer en un cálido y eterno sueño del que sólo ellas me harían despertar. Pero mientras, mi vuelo sería infinito, como
infinito era mi gozo, hasta que mi perpetua sensación de ligereza iba vagamente desvaneciendo al escuchar de nuevo su trémula voz. Irónicamente decían: - Cuidado que caes!, cuidado, no caigas! No temas nosotras te ayudaremos-. Sin embargo yo en las profundidades descendía y descendía…
Autora: Sarini83
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