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lunes, 11 de mayo de 2009

Un día de Lluvia

Siempre se había guarecido en sus brazos, bajo su abrigo.

Por eso, sin pensarlo dos veces, se puso los zapatos de caminar desconsuelos, y corrió una vez más, en busca del abrigo que la arropaba sin condiciones.

Pero en esta ocasión, no hubo abrazo.

Los parches arrancados, ya no tapaban ningún roto, Y sólo encontró, una descosida coraza con goteras, por la que se colaron sus penas.

El abrigo que siempre la cobijó, se cansó de ser paraguas.

Agua y más agua, le caía encima, regando el pelo que languidecía en sus mejillas.

Todo ese líquido, resbalaba por su cara, los ojos indefensos, temblorosos como ¨pucheros ¨ de un niño, antes de brotar el llanto.

La nariz rojo escarlata, un gorgoteo discontinuo asomaba, semejante al cuco de un reloj, y una mueca interrogante torcía su sonrisa inacabada.

Se empapó enterita.

Regresó a casa con su desamparo, el frío nadando en los huesos.

Las manos violáceas, llenas de nada.

Las penas, con resignación, se metieron sigilosamente bajo la piel.

Escondió ¨ Ese Día ¨ debajo de la cama, amortajado dentro de unos zapatos mojados, que nunca volvería a ponerse.

Por ultimo, cogió una hoja de papel secante, y dejó una nota escrita…

- Comprar un paraguas

- Arreglar el calentador

Poco después de acostarse y apagar la luz, se levantó, volvió a la nota, y añadió una ultima cosa:

- Comprarle un abrigo nuevo

Autora: ScrinS
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Flash

Me he ofrecido esta mañana para ir a comprar el pan y la prensa, la luz de hoy es especialmente bella, me apetecía dar un paseo, contemplar los primeros movimientos de la ciudad bajo esta luz.

De regreso abrazo la bolsa de papel que contiene las compras. Veo a la derecha una pequeña calle las mujeres están en las puertas de sus casas con las tapas metálicas de los cubos de basura en la mano, dentro de poco las harán sonar, esperan a alguien.

De frente veo el puente, se que cien metros más y habré regresado a la casa. Hay alguien sobre el puente, parece un hombre me sorprende con esta temperatura tan agradable lleva un grueso capote muy amplio, esperará que cambie el tiempo.

Pasos detrás de mi, alguien camina rápido con decisión, son pasos firmes.

Giro mi cabeza, es él, le sonrío, me alegra verle, él no me mira mira al fondo, hacia el puente, los ojos fijos la mirada seria.

Miro el puente, un resplandor llama mi atención la luz se refleja en algo metálico y la refracta, suelto el paquete estiro los brazos y le empujo.

Un destello entre él y yo, destello de acero. No lo entiendo a pesar de haberle empujado no cae de lado. Por qué te tiras de espaldas, que haces cayendo hacia atrás.

Por qué miras al cielo con los ojos paralizados, la boca semiabierta, qué son esos hilos rojos espesos que corren despacio entre las juntas de las baldosas de la acera.

Por qué te cubren con una manta.

Septiembre Belfast.

Autora: Scrins
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sábado, 25 de abril de 2009

Las palabras

Las palabras brincaban adelante y atrás en su cabeza como bolas de ping-pong. Otoño. Navaja de afeitar. Anillo de hielo. Caer. Tropezar. Lienzo. Cambio. Vanguardia. Cuchilla. Berlín.

Se ha olvidado el abrigo siempre es frío octubre en Köln, sacude la cabeza colocando las palabras mientras sube el cuello de la chaqueta para que le abrige la yugular!..."quiero dejar lo nuestro, no quedamos sería más difícil, prefiero decírtelo por teléfono"... un tono como de voz anónima desde el móvil que él le regaló hace dos años.

Klaus Merkel ciudadano modelo, empresario de reputación, lo vio, vio a su padre el viernes pasado, a las afueras barrio bajo, metiendo monedas en una máquina traga perras, pidiendo cambio de quinientos euros con amanerada compañía masculina. Un retrato Her Merkel siempre opuesto con desprecio a la decisión de estudiar Bellas Artes.

Mañana hará la maleta. Si!, el anuncio decía "Becas para Licenciados en Bellas Artes...Fundación Schoss Neuhardenberg". La carta llegó la semana pasada "...su candidatura ha sido admitida...". Gut. Correrá caminos de hierros calientes trenes de alta velocidad. Zug.

Levanta la cabeza un letrero "Night Club", su mano en el bolsillo del pantalón palpa unos billetes, trescientos euros que guardaba para comprarle un vestido e invitarla a cenar. Siempre le han dicho que a sus veintiún años es un hombre guapo, puede que allí esté "ella" de unos treinta, el corazón le palpita en las sienes, seguro y con su mejor sonrisa empuja la puerta. Glük!.


Noch Nich (noj-nij). Das Macht Nichts! Enhorabuena Ludwig, Glük, Erlich te espera Berlín.

Da igual! Enhorabuena Ludwig, suerte, cierto te espera Berlin.
Gut-Bien, Zug-Tren, Glük-Suerte
--

Autora: Scrins
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lunes, 13 de abril de 2009

La espera

El pelo largo con flequillo me cubre un poco el rostro, aún así me siento algo incómoda aquí en mitad de la calle expuesta a todas las miradas. Acabo de darme cuenta que estoy desnuda, juraría que salí vestida pero ya no tiene solución, aquí estoy en una de las avenidas del centro de la ciudad de las más transitadas y miles de personas mirándome al pasar por mi lado. Debería estar habituada pero nunca me acostumbraré.

Hace un calor asfixiante, el barómetro de la esquina marca treinta y cinco grados, casi no puedo respirar, la acera arde bajo mis pies, agradezco un poco de aire fresco que me llega por la espalda parece venir de un sótano con ventilación artificial, a mi derecha la temperatura se hace aún más insoportable cada vez que el 19 realiza su parada para que bajen los pasajeros. Debería estar habituada pero nunca me acostumbraré.

Una señora se ha quitado las gafas de sol para mirarme detenidamente, me mira de arriba abajo con un gesto entre sorprendida y admirada; el joven con camiseta negra y dibujo psicodélico me lanza un sonido de admiración; el dependiente de la frutería está apoyado en el borde de la puerta mientras simula comerse una manzana recorre con sus ojos mis largas piernas; un señor que compra el periódico con un gesto reprocha mi presencia. Debería estar habituada pero nunca me acostumbraré.

Sobre el hombro izquierdo se me ha posado una mosca con su trompa absorbe algo que ha encontrado de su agrado, me pica un poco, si al menos pudiera mover la cabeza con el pelo se espantaría, mis manos no me sirven con los dedos juntos una apoyada en la cadera, la otra se me rompió hace una semana, espero que no tarde mucho en estar otra vez en condiciones. La mosca continúa, si corriera un poco el aíre quizás buscaría otro manjar. Debería estar habituada pero nunca me acostumbraré.

Sólo espero que aquí parada a pleno sol y con este calor no se me estropee la piel, sería muy negativo para mi trabajo. El tiempo pasa y aquí sigo con todo el mundo mirándome, el cansancio me pone nerviosa, deberíamos habernos ido hace un buen rato es tarde lo sé porque el del quiosco de periódicos cambia el turno con un compañero. Estoy muy enfadada tengo muchas ganas de gritar y no puedo el sonido no sale de mi garganta. Debería estar habituada pero nunca me acostumbraré.

- Jaime, ya está todo cargado coge al maniquí y mételo en la furgoneta, es lo primero que descargaremos tiene que estar allí antes de las seis de la tarde, venga vámonos.

Al fin! Dentro de la furgoneta sin el sol de frente podré descansar un poco antes de regresar a mi trabajo en esos malditos escaparates, debería estar habituada pero nunca me acostumbraré.

Autora: ScrinS Leer más...