Autor: Agueda Pallares
Aquel menosprecio no lo podía disimular ni su traje de etiqueta ni la colonia fina con que había rociado sus manos y cabellos.
Era la viva imagen del desdén y la indiferencia. Cruel en su belleza de hombre joven y audaz destrozaba el corazón de la joven que sollozaba entre las velas y el champán, consumida por el fuego devorador de la pasión.
Pero una energía benévola se coló por una hendija de la puerta agitando el fuego de las velas y calmándolo con sutiles masajes en el corazón. Aquella sensación era tan dulce y fuerte a la vez que no pudo escapar a la tentación de tomarla entre sus brazos, llenarla de besos y pedirle perdón.
Hace 4 años
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